He probado tantas cervezas artesanales buenas como intragables. Reconozco que las que me han gustado son bastante mejores que las industriales con las que pretenden competir, pero las que no me gustan…. Cómo decirlo. Son una puta mierda. Eso es.
El otro día abrí en casa un botellín de la catalana Santa Margarida. Cerveza de trigo de Girona. Casi na. La compré en el Carrefour, así que tampoco es que sea el menor de los talleres artesanales del país, aunque por el resultado la podía haber producido mi vecino en el baño, al levantarse de resaca de la cama.
No quiero cebarme con ella, pero hay que decir que estaba ácida, como el txakolí, y tenía un cierto regusto que identifiqué como limón. Claro que mis papilas gustativas no diferencian el chocolate de las alubias. No tengáis en cuenta mi opinión y probarla vosotros.
Por equilibrar, voy a citar una cerveza artesanal, también de trigo, que sí que me gustó mucho. La caña y el bar. Se trata de la Cueva en Aragón, en El Tubo de Zaragoza. Qué champiñones. No hay más que vino, birra y champis, pero que maravilla. Por cierto, pedid la caña grande, la normal es un zurito tristón con el que mojar los labios.

No hay comentarios:
Publicar un comentario